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Rubén Íñiguez Pérez | Al menos tienes trabajo
Rubén Íñiguez Pérez | Al menos tienes trabajo
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Al menos tienes trabajo

Hay una anécdota que mi abuelo suele contar cuando vemos juntos las noticias y en estas se habla de los datos del paro. Fue en plena campaña de elecciones municipales, creo que las del 2011, según él, una mañana estaba comprando en la carnicería del barrio cuando entraron en el establecimiento unas personas que representaban a un partido político, no diré cuál, para repartir programas y pedir el voto a los presentes. Mi abuelo les dijo que a ver si hacían algo con el paro, que ningún partido hace nada, y les comentó que él sería capaz de reducir su pensión a la mitad con tal de que sus nietos encontrásemos trabajo. Recordé esta anécdota mientras leía el excelente Al menos tienes trabajo, publicado por Antipersona, en un momento en el que su autora, Naiara Puertas, recoge la noticia de un jubilado que ofrece 5000 euros a cualquier empresa que contrate a su hijo.

Partiendo de la frase que lo titula —¿quién no la ha escuchado o pronunciado en alguna ocasión?—, este ensayo plantea una reflexión sobre el para qué trabajamos y expone un análisis del mercado laboral de hoy en día ejemplificando con numerosas noticias de los grandes medios que, como la del jubilado, nos resultan desgraciadamente cotidianas. Situaciones que hemos vivido, que nos indignan y que no denunciamos; de hecho, más bien las normalizamos.

Mismamente yo hice unas «prácticas» para poder conseguir el título de un curso que hice a través del INEM, en las que encima apenas realicé alguna labor que tuviera que ver con lo que cursé. Para colmo, los trabajadores de aquella empresa que me tuvo de becario me contaron cómo los dueños se aprovechaban de estás «prácticas» para conseguir chavales de Garantía Social cuando necesitaban mano de obra en períodos en los que el volumen de trabajo era mayor, aunque esos estudios no tuvieran absolutamente nada que ver con el negocio. Y sí, tan malo es que lo haga el Duque de Alba como una pequeña imprenta de barrio. No quieren formar a nadie, quieren esclavos.

También me he sentido humillado en entrevistas de trabajo, hubo una para una gran empresa de productor de ocio en la que el entrevistador parecía querer hundirme moralmente más que comprobar que no mentía en mi CV. Este terminó por comentarme cómo tal empresa lo que realmente quiere es «captar socios». Si no conseguías captar tantos socios, a los tres meses no renovabas, y eso que se supone que la entrevista era para un puesto de atención al público. Me negué a aceptar el trabajo, y hay quien me llama «orgulloso» o «moralista» por ello. Yo jamás criticaría a quien lo aceptase.

Por no hablar de las decenas de test que tuve que rellenar cuando hace ya años atrás intentaba conseguir trabajo a través de las ETT, con formularios que tenían preguntas rollo «A quién quieres más, ¿a tu padre o a tu madre?». Tengo claro que con todas esas pruebas lo que buscaban era ver cuánto somos capaces de aguantar tales infamias, porque si no es así, lo hacen por reírse de nosotros —cosa que también me creo—.

Seguro que has vivido escenas como estas, seguro que has conocido a gente que valora a las personas en función de si tiene o no trabajo y seguro también que has escuchado a plastas con sus putas frases motivadoras de Steve Jobs. Por ello, es necesario un libro como este, porque necesitamos pararnos un segundo a pensar sobre el trabajo.

Como curiosidad final, he estado buscando en bancos de imágenes gratuitas alguna foto con la que ilustrar este texto. Al buscar en estos «worker», los resultados eran siempre estampas de gente con una sonrisa mientras realiza un trabajo. Así que he optado por algo más manido: Chaplin en Tiempos modernos.

Rubeniperez
rubeniperez85@gmail.com

He sido muchas cosas pero ninguna en particular: filólogo, intento de escritor, coordinador en el festival de cine fantástico y de terror La Mano, creador del fanzine Spasmo y colaborador no muy frecuente en portales como Spanish Fear, Canino y La abadía de Berzano. Hice un cortometraje en el que salía una cobaya meando.