Rubén Íñiguez Pérez | Inadaptados guais
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Inadaptados guais

Me enervan esos creadores y creadoras que venden la idea de que ser diferente es guay. Esos y esas que suelen reivindicar lo friki como si fuera un movimiento de protesta, en contra de la normalidad, pero que ignoran lo mainstream que es y lo aceptado que está por la sociedad. Son esos y esas que defienden también la rareza, pero que solo lo hacen en un sentido estético, pues despotrican de la gente aparentemente normal, esa que no llama la atención a simple vista si te la cruzas por la calle, esa que ellos y ellas observan como si fueran hormigas en un hormiguero desde sus vistas privilegiadas —la de un ático o ventana de un pisito en el barrio de moda—.

Como no saben qué es un marginado social, solo los han visto por la tele, idealizan la figura del inadaptado: para ellos y ellas solo puedes serlo si posas con una sudadera rosa con un dibujo de Micky Mouse en una entrevista de televisión mientras dices que tus máximos referentes son cineastas como John Waters y David Lynch. Eso es incomodar al sistema. Vamos, que confunden el postureo por creerse especial con el rechazo social, por eso no hay compromiso en sus obras, solo maquillaje que va de rebelde.

Pieles representa bien todo lo dicho. Esta película no es más que un mero desfile de freaks, tanto es así que si hubiera aparecido algún personaje «normal» a lo largo del metraje, este sería el mayor de los inadaptados. Su director, Eduardo Casanova, no sabe bien lo que cuenta, solo quiere provocar y para hacerlo se sirve del feísmo y de personajes grotescos y de aspecto deforme, algo que no le diferencia gran cosa de los dueños de freakshows que explotaban a gente con enfermedades —gente sin brazos, mujeres barbudas, enanos…— para satisfacer la curiosidad de los espectadores más morbosos[1]. Él hace algo parecido, no busca concienciar sino provocar asco. No dudo que Casanova, a diferencia de aquellos, tenga buena intención y tratase bien a su equipo, y estoy seguro de que en el fondo pretende normalizar que existen, pero ¿hay en eso reivindicación o compromiso? Para provocar hay que concienciar de algo, cosa que no aparece por su cine. En una entrevista de hace unos tres meses, sobre la publicación de su libro Márgenes, dice que le «interesa mucho el realismo pero no la realidad» y que «el arte está por encima de todo»; también que «lo lumpen forma parte del sistema aunque esté en sus márgenes» y sobre las fotografías de ratones muertos argumenta que «no milito en Pacma y no soy moralista». Es decir, para él el arte es llamar la atención.

Al contrario que él, dos creadoras, una novelista y una cineasta, han realizado dos obras narrativas que realmente reivindican, conmueven y provocan. Con personajes aparentemente normales, pero que son rechazados por su forma de ser o por las habladurías de los demás. Los inadaptados de verdad, esos y esas cuya existencia la sociedad prefiere ignorar. Y no porque sean feos o feas…

Por un lado, Sara Mesa y su Cara de pan. Esta novela está la protagonizan dos personajes que aparentemente no llaman la atención de nadie, pueden incluso merendar tranquilamente en una cafetería que no levantarían ningún tipo de sospecha entre los presentes. Sin embargo, uno de ellos, bautizado como Viejo, es repudiado por las acciones de otros, ser el resultado de un pecado, y será acusado de algo que no cometió solo por su condición, porque la sociedad jamás será capaz de aceptar la verdad.

Por otro, Arantxa Echevarría y su película Carmen y Lola, una historia conocida, polémica de verdad, solo por narrar los amores de dos chicas de etnia gitana. No son feas ni tienen sobrepeso ni ningún tipo de tara física, más bien todo lo contrario. Su delito ser homosexuales en un mundo que no quiere aceptarlas por lo que son. Atacadas por su modo de vida, por ser especiales de verdad, no por su forma de vestir ni por leer mangas.


[1] Ya que estamos, para quien le interese este tema, recomiendo la lectura de El salvaje interior y la mujer barbuda, de Pilar Pedraza (2019), publicado por Antipersona

Rubeniperez
rubeniperez85@gmail.com

He sido muchas cosas pero ninguna en particular: filólogo, intento de escritor, coordinador en el festival de cine fantástico y de terror La Mano, creador del fanzine Spasmo y colaborador no muy frecuente en los portales Spanish Fear y La abadía de Berzano. Hice un cortometraje en el que salía una cobaya meando.