Rubén Íñiguez Pérez | Gris
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Gris

Estoy en un grupo de Whatsapp y no sé por qué. Un buen amigo, de los mejores, me dice que me largue de ese grupo, como él hizo. Sabe que no pinto nada. Es verdad. Rara vez comento o comparto algo, y cuando lo hago siento que soy un extraño, que lo que pongo no les interesa, pues no suelen responderme. ¿Son colegas? Bueno, alguno hay, pero lo mayoría son solo conocidos que no me caen mal. Es gente que aparece cuando quedo con otros colegas. A algunos incluso llevo sin verlos más de dos años y casi que me da igual.

No me interesa lo que dicen. Comparten memes manidos, quedan los domingos de barbacoa y solo hablan de hipotecas y de la experiencia de ser padres, vamos, de lo maravilloso que es sentar la cabeza. Incluso critican a quienes seguimos viciados a los videojuegos, pues ellos acaban de cumplir los treinta y sus cuerpos necesitan póquer y whisky on the rocks, lo otro es para críos —juro que dijeron esto último—. Es gente muy gris, muy convencional y rancia, me caían mejor cuando se ponían hasta el culo de coca los fines de semana, lo cual no quiere decir que me caigan mal, son buena gente. Los saludo si me los encuentro por la calle, pero es innegable que somos muy distintos. Algo similar pensarán ellos de mí y lo entiendo, me verán como un tipo que ya no les aporta absolutamente nada. Es así de triste. Lo es tanto que la última vez que nos reunimos todos fue porque falleció el padre de uno del grupo: cervezas y cocacolas zero en la cafetería del tanatorio para recordar los buenos tiempos y olvidar qué nos había reunido… al menos nadie dijo aquello de “a ver si nos vemos otro día para tomar una”, o creo recordar que no.

Sin embargo, aunque no me aporta nada, de hecho leer mensajes tan banales casi que me deprime, me siento mal cuando pienso en irme del grupo. Es una sensación rara. No sé si es porque soy algo bipolar, porque algo me une a ellos y no quiero que se sientan ofendidos o porque en el fondo envidio esas vidas más profanas, sin inquietudes. Ellos son felices así y yo me paso el día amargado haciendo lo que me gusta, porque nunca estoy satisfecho. Ellos son capaces de reírse al ver un meme sobre cervezas; en cambio yo no solo pienso que el chiste del meme es horrible, sino que ellos tienen el sentido del humor en el culo. También se desternillan con películas convencionales y yo no lo comprendo, como ellos no entienden cuando les hablo sobre cine bizarro o gore. Pienso que son grises, pero, no sé, ese es un color triste y ellos no lo son. Más lo sería yo, que no soy nada optimista, un estado que está más cercano cromáticamente al gris.

Rubeniperez
rubeniperez85@gmail.com

Soy nada y muchas cosas a la vez: editor de Spasmo, colaborador en SpanishFear.com y un imán para los tipos raros. Adicto a vídeos estúpidos de Youtube.