Rubén Íñiguez Pérez | Magia
854
post-template-default,single,single-post,postid-854,single-format-standard,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,vertical_menu_enabled,qode-title-hidden,side_area_uncovered_from_content,transparent_content,qode-theme-ver-11.0,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive

Magia

Hace unos días vi un tuit que hizo que mi mente viajase al pasado. Era una imagen de Psycho Mantis, uno de los jefes de Metal Gear Solid, a la que acompañaba el texto: «Sigue siendo lo más mágico de la historia de los videojuegos». No puedo estar más que compartir tal afirmación. Soy consciente de es una opinión muy rebatible ya que está contaminada de nostalgia —mi yo gamer hace tiempo que se desintegró, aunque siga viciándome de cuando en cuando—, pero es que solo se me ocurre recurrir a lo «mágico» para describir tal momento. Hay que tener en cuenta que hace veinte años, a finales de la década de los 90 y sin internet, fue todo un impacto tener que derrotar a uno de los jefes de un videojuego de una forma para nada convencional. Pyscho Mantis adivinaba todos los movimientos que hicieras, incluso era capaz de leer los datos de tu tarjeta de memoria. Para vencerlo había que cambiar el joystick de puerto, del primero al del segundo jugador. A partir de ahí, era sencillo coser a tiros a Mantis, pues ya no era capaz de «entrar en tu mente».

Echando la vista atrás, lo que más me llama la atención es el hecho de cómo llegábamos a dar con la manera de pasar aquella pantalla. Solo podía lograrse leyendo la solución en la sección de trucos de alguna revista de la época o porque alguien te contaba cómo hacerlo, que era lo más habitual. Vamos, que para derrotar a Mantis había que recurrir al boca a boca. Era una información que íbamos transmitiendo como antaño se hacía con las canciones populares o las leyendas —o como ahora con los bulos que habitualmente vemos en grupos de Whatsapp—.

Sí, mi generación supo de las enormes aportaciones de Metal Gear Solid y lo que vino gracias a este juego, pero de lo que quizá no fuimos tan conscientes en ese momento es el qué planteaba aquella pantalla. Hideo Kojima, su creador, fue capaz de ir más allá del propio juego para buscar nuevos rumbos que explorar. No sé si fue el primero en hacerlo, sin embargo, aquella forma de plasmar la telepatía fue toda una revolución. Aquel personaje plantaba cara al jugador de una manera inimaginable, lo retaba al leerle la mente. El hecho de tener que hacer algo tan simple como cambiar el joystick de puerto para poder derrotar a Mantis nos impactó. Puede que ahora algo así sea de chiste y que estos giros y desafíos metafictivos resulten primitivos en el videojuego actual, no tengo ni idea, pero aquello tuvo que ser algo no muy diferente a lo que sintió la gente que experimentó el paso del blanco y negro al color en los televisores.

Kojima cambió la historia de los videojuegos con Metal Gear Solid. Cierto que no fue solo él, también otros títulos de la era de los 32 y 64 bits pusieron su granito de arena, pero no recuerdo ningún otro momento que fuera tan radicalmente diferente a todo lo anterior como lo que planteaba aquella pantalla.

Tags:
Rubeniperez
rubeniperez85@gmail.com

Soy nada y muchas cosas a la vez: editor de Spasmo, colaborador en SpanishFear.com y un imán para los tipos raros. Adicto a vídeos estúpidos de Youtube.